jueves, 14 de julio de 2011

Génesis capitulo 37


JOSE Y SU TUNICA DE COLORES

El capítulo comienza con un resumen de la vida de Jacob: “Habitó Jacob en la tierra donde había morado su padre…” (v.1). Aunque el verbo, “había morado”, da a entender que Isaac ya no vivía, sabemos que eso no es cierto (ver el estudio de Gén 35:27-29, y la nota cronológica al final de ese estudio). Por muchos años, Jacob vivió con su padre, en la cercanía de Hebrón (ver Gén 35:27 y 37:14b). Ese fue el lugar donde José creció.


1. LA CRIANZA DE JOSÉ (v. 2-4)

José fue el hijo mayor de Rebeca, la esposa preferida de Jacob. Él nació cuando Jacob ya era viejo (v.3); es decir, cuando tuvo unos 60 años de edad. Por algunos años, José gozó el amor de su madre. Lamentablemente, siendo aun pequeño, su madre murió dando a luz a Benjamín. A partir de esa fecha, la crianza de José habría estado a cargo de Jacob, con la ayuda de una de las otras mujeres – probablemente Bilha, la sierva de Raquel.

A los diecisiete años de edad, la vida de José ya estaba establecida. Moisés destaca cuatro características de su vida:


a. Era Pastor de Ovejas (v.2a)

Como otros grandes siervos de Dios (por ejemplo, Moisés y David), parte de la formación de José fue aprender a cuidar las ovejas. No lo hacía solo, sin con sus hermanos. Cada uno tenía algún trabajo que hacer. José, desde joven, aprendió a trabajar y a ser responsable.

NOTA: El texto indica que José “estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa”; ellos eran Dan y Naftalí, Gad y Aser. Pero, ¿por qué no menciona los hijos de Lea? Quizá porque ellos eran mayores (ver Gén 29:31-35), y por ende, ya casados e independientes.


b. Informaba a Jacob del Mal Comportamiento de Sus Hermanos (v.2b)

Las Escrituras nos dicen que José le contaba a su padre de las andanzas de sus hermanos (“informaba José a su padre la mala fama de ellos”). El verbo en hebreo (‘dibba’) significa ‘hablar mal de’, con el fin de ‘desacreditar’. Eso fue lo que los espías hicieron, cuando volvieron de reconocer la tierra de Canaán (Núm 13:32; 14:36-37). Lo que Moisés da a entender, entonces, es que José ‘chismeaba’ o ‘calumniaba’ (Sal 31:13) a sus hermanos.
¿Qué podemos decir al respecto? ¿Hizo bien José al informar a su padre de las malas acciones de sus hermanos? Por un lado, sabemos que los hijos de Jacob no eran precisamente unos santos. Dos hijos (Simeón y Leví) fueron responsables por la masacre de una ciudad (Gén 34); otro hijo (Rubén) cometió incesto (Gén 35:22); y un cuarto hijo (Judá) tuvo relaciones sexuales con su nuera, dejándola embarazada (Gén 38:13-26). ¡Qué otras cosas no habrán hecho los hijos de Jacob, en su juventud! Todo eso le informaba José a Jacob.

Podríamos pensar que era importante para Jacob, como padre, saber lo que sus hijos hacían – aunque no leemos que él hizo buen uso de esa información, corrigiendo y formando bien a sus hijos. Pero la pregunta importante es, ¿cuál fue la motivación de José al informar a su padre de las cosas malas que hacían sus medio hermanos? El texto no nos dice, y sería peligroso especular. Lo que sí podemos decir, es que al llevar esos malos informes a su padre, José actuó neciamente. Como dice Prov 10:18, “el que propaga calumnia (‘dibba’) es un necio”. Fue necio, porque no cambió el comportamiento de sus hermanos; y fue necio, porque provocó en ellos una tremenda ira contra José.

Sin embargo, como veremos a continuación, Dios permitió todo esto, para cumplir Sus propósitos – que incluían no sólo la formación del carácter de José, sino la salvación de toda la familia de Jacob, la transformación de sus hermanos, y la formación de la nación de Israel. Como José mismo lo expresó a sus hermanos, años después (acerca del mal comportamiento de ellos, al venderlo a los madianitas), lo que el hombre hace para mal, Dios lo encamina para bien (Gén 50:20).

De todos modos, aunque Dios obró para bien, la acción de José de calumniar a sus hermanos, no fue buena, y debemos aprender a no hacer lo mismo nosotros. Hablar constantemente mal de otras personas, revelando todas sus faltas, errores y malas acciones, no muestra un buen corazón. Debemos, más bien, hablar con ellos directamente, intentando corregir sus errores en privado, y luego orando por ellos, pidiendo a Dios que los ayude a cambiar. José no hizo nada de eso (al parecer); era aún muy inmaduro – tenía mucho que aprender, para llegar a ser un siervo útil para Dios.


c. Era el Hijo Favorito de Jacob (v.3)

En estos años, José no era el único culpable de mal comportamiento; su padre Jacob no ayudó. Él mostró una gran preferencia por su hijo José: “Amaba Israel a José más que a todos sus hijos” (v.3a). La razón fue “porque lo había tenido en su vejez” (v.3b). No era simplemente porque José fue el hijo de Raquel, la esposa preferida de Jacob – como muchos piensan. El afecto especial de Jacob por José fue porque nació cuando José ya tenía unos 60 años. Lo amó como un hombre ama a su nieto.

NOTA: En realidad, Benjamín fue el hijo menor de Jacob. ¿Por qué no le favoreció a él? Podría ser que cuando él nació, Jacob ya favorecía a José. Benjamín le hizo recordar la muerte de su querida esposa. Sin embargo, cuando Jacob pensó que José había muerto, comenzó a mostrar favoritismo a Benjamín (Gén 42:4, 48; 43:6; 44:20-22, 27-31).

Una de las expresiones de ese amor fue el regalo que Jacob le hizo a José de una túnica elegante (v.3c). Aunque la RV (como muchas otras versiones) traduce la palabra hebrea, ‘pac’, “diversos colores”, el término en el idioma original significa ‘palma’, y apunta a algo ‘extenso’. La túnica que Jacob le regaló a José no fue de muchos colores (necesariamente), sino de manga larga, o quizá una túnica que se extendía hasta los pies. Algunos comentaristas indican que una túnica de esas características era lo que se le daba al hijo mayor, indicando su importancia como heredero principal. Sabemos que luego del incesto cometido por Rubén, el hijo mayor, Jacob perdió su confianza en él (ver Gén 49:3-4). Años después, cuando estaba por morir, Jacob le indicó a José que él ocuparía el lugar del hijo mayor, recibiendo una doble bendición (Gén 48:5-16, 22).

Aun si ése no fuera el significado de la túnica de manga larga, indudablemente fue una vestimenta de gran elegancia y distinción (ver 2 Sam13:18).

NOTA: En Juec 5:30, se habla de “vestiduras de colores” y “vestiduras bordadas de colores”. En esas frases la palabra en hebreo es ‘tseba’ que significa ‘colores’.

La manera en que Jacob mostró favoritismo a Jacob es doblemente culpable porque él mismo sufrió los estragos del favoritismo que su padre, Isaac, manifestó hacia Esaú. Habiendo experimentado eso, debería haber sido justo e imparcial con cada uno de sus hijos.


d. Se Ganó el Odio de Sus Hermanos (v.4)

Tener un hijo favorito siempre es un error en los padres. Generalmente, no le hace ningún bien al hijo favorecido, y casi siempre provoca la indignación de los demás hijos, afectando la relación entre ellos, como hermanos. Eso fue lo que pasó entre Esaú y Jacob; y ahora la historia se repite, con José, sólo en mayor escala.

El texto dice, “viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente” (v.4). Toda acción tiene una reacción. El favoritismo de Jacob, produjo un tremendo celo en el corazón y en la menta de los demás hijos de Jacob. Ellos “no podían hablarle pacíficamente”. El saludo usual en el Medio Oriente es (y era), ‘shalom’; ‘paz’ (ver Gén 43:23). La palabra significa prosperidad y tranquilidad. Sus medio hermanos no deseaban eso para José; no le podían decir, ‘Paz sea contigo’.


APLICACIÓN

Aunque la historia que estamos leyendo es tan antigua; ¡ocurrió hace casi 4,000 años! Es a la vez muy contemporánea. Hay muchas lecciones que debemos aprender:

- El peligro de ser chismosos.
- El peligro de tener hijos favoritos.
- El peligro del odio entre hermanos.





2. LOS SUEÑOS DE JOSÉ (v.5-11)

Fue en ese contexto familiar que José tuvo dos sueños proféticos. Los sueños indudablemente vinieron de Dios, y estaban relacionados entre sí. Los dos sueños indicaban que muy aparte del deseo de Jacob de darle a José la preeminencia, el propósito de Dios era que José llegara a ocupar un puesto de gran prestigio.


i. En el primer sueño (v.6-8a), José vio un campo de cosecha, en el cual su manojo se levantaba, y los manojos de sus once hermanos se inclinaban ante el suyo. Ese sueño indicaba que José tendría la supremacía sobre todos sus hermanos.

ii. En el segundo sueño (v.9), José vio al sol y a la luna y a once estrellas inclinarse ante él. Su padre entendió bien el sueño (v.10); significaba que un día sus padres y sus hermanos harían reverencia ante José. Ese sueño indicaba que José un día tendría la supremacía sobre toda la familia de Israel.


La reacción ante esos sueños era de esperar. Los hermanos de José se molestaron tremendamente. En primer lugar, “le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras” (v.8b); y en segundo lugar, “le tuvieron envidia” (v.11a). Aun su padre se molestó con José, “le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?” (v.10).

A la luz de esas reacciones, nos preguntamos, ¿por qué Dios le dio a José los dos sueños? ¿No fue un peligro para toda la familia? ¿No estaba Dios aumentando el problema del favoritismo de su padre, e incitando a sus hermanos a odiarle aún más a José?

Dichas preguntas nos llevan a reflexionar más profundamente sobre el asunto de los sueños. Lo primero que podemos decir es que no era necesario darle a José esos sueños. A veces Dios da sueños porque quiere que la persona que tiene el sueño haga algo (por ejemplo, Mat 1:20-24; 2:12; etc.). Pero eso no fue el caso aquí. El cumplimiento de los sueños no dependía de la obediencia de José. Entonces, ¿por qué Dios le dio los sueños?

Lo segundo que debemos enfatizar es que Dios no tienta a nadie (Sant 1:13). Sabemos que los dos sueños de José fueron un pie de tropiezo, tanto para José como para sus hermanos (y quizá aún para su padre); pero ese no fue el plan de Dios. Eso fue lo que Satanás hizo con los sueños. Dios no los dio para tentar a José y a sus hermanos a actuar mal. Entonces, ¿cuál fue el propósito de Dios en darle a José esos sueños? La pregunta es importante, porque Dios nunca hace cosas sin un sentido.


Entre los propósitos divinos que podemos señalar, están los siguientes:




a. Dios Quería Animarle a José

José era adolescente, y su vida no había sido fácil. Perdió a su madre a una tierna edad, y le hizo falta su amor y cariño durante los años difíciles de la pubertad y preadolescencia. Su padre trató de suplir esa falta, pero su favoritismo no le ayudó a José, sino que hizo que sus hermanos tuvieran envidia de él, y al final lo aborrecieran. A través de esos dos sueños, Dios quería animarle a José, indicándole que muy aparte de las dificultades de su vida, Él tenía un propósito especial para José.

En segundo lugar, Dios, sabiendo de antemano todo lo que le iba a suceder a José: que iba a ser vendido como esclavo por sus hermanos, que iba a ser acusado injustamente por la esposa de Potifar, y que iba a pasar varios años en la cárcel, le dio los dos sueños de antemano para animarle en esos momentos difíciles que iba a vivir.

El error de José fue comentar los sueños a sus hermanos; y al parecer, lo hizo con cierto orgullo (v.6). Habiendo notado la reacción negativa de sus hermanos, cuando les contó el primer sueño (v.8), José debió haber guardado silencio en cuanto al segundo sueño; pero no aprendió de su primer error. Insistió en contarles a sus hermanos el segundo sueño (v.9). El orgullo dominaba su corazón y mente, y no le permitió actuar con prudencia. Eso fue lo que Satanás hizo con la gracia de Dios, quien tuvo el propósito de bendecir a José a través de los sueños.


b. Dios Quería Hablar a los Hermanos de José

Como hemos notado, el propósito principal de Dios era animarle a José. Sin embargo, Dios, sabiendo todas las cosas de antemano, y sabiendo que José iba a contar a sus hermanos los sueños, tuvo un propósito secundario, en cuanto a los demás hijos de Jacob. Ellos odiaban a José. Por medio de estos dos sueños, Dios quería humillar a sus hermanos, y hacerles ver que la persona a quien ellos odiaban, Dios había escogido para hacer grandes cosas (ver 1 Cor 1:26-28). Es más, los hermanos de José no estaban viviendo del todo bien. Es de dudar si tenían en cuenta las promesas que Dios le había dado a Abraham – promesas que indicaban que ellos eran parte de un plan eterno de Dios, para bendecir a las naciones. Lamentablemente, los hijos de Jacob vivían carnalmente, como ‘mundanos’, sin interesarse en los planes y propósitos de Dios. Al escuchar los sueños de José, sus hermanos debieron haber comenzado a reflexionar. Muy aparte de la imprudencia de José de contarles los sueños, sus hermanos debieron haber aprovechado de esos sueños para reflexionar sobre los planes y propósitos de Dios para la familia de Jacob. Si tan sólo hubieran tomado los sueños en serio, podrían haber meditado sobre el futuro de su familia, y esa reflexión les hubiera conducido al arrepentimiento, y a mejorar sus vidas. Lastimosamente, no hicieron eso. Ellos se dejaron engañar por Satanás, y permitieron que algo que pudo haber sido para su bien espiritual, se volviera un pie de tropiezo para ellos. Se escandalizaran ante los sueños de José, en lugar de escuchar la voz de Dios a través de ellos.

NOTA: El sueño indicaba que el propósito de Dios era que José reinara sobre sus hermanos; pero ellos no quisieron someterse a la voluntad y al propósito de Dios. En la reacción de los hermanos, en el v.8, tenemos un cuadro de la reacción del mundo al reinado de Cristo (ver Sal 2).

c. Dios Quería Hablarle a Jacob

Jacob había tenido tremendas experiencias con Dios. Esas experiencias le sirvieron para recalcar que él era el heredero de las promesas de Abraham. Lamentablemente, Jacob también vivió carnalmente, y no formó bien a sus hijos; no les instruyó adecuadamente. Al parecer, Él mismo se olvidó de los planes y propósitos de Dios, y vivió simplemente como los demás en la tierra de Canaán. Los sueños de José debieron haber servido para levantarlo de su letargo espiritual. En parte lo hicieron; leemos que Jacob “meditaba en esto” (v.11b). Pero no leemos que su reflexión fue muy profunda; él mismo dudó que el sueño podría cumplirse (v.10) . Poco después, cuando escuchó de la supuesta muerte de José, lo creyó, y no puso su confianza en Dios. No llegó a entender que detrás de su predilección por José, había un plan superior; un plan divino, de hacer de José el salvador del pueblo de Israel. Su ‘carnalidad’ no le permitió aprovechar bien de los sueños que José tuvo. Una vez más, por culpa de la ‘carnalidad’ del hombre, Satanás logró anular (a corto plazo) el propósito de la gracia de Dios, al revelar a José los dos sueños proféticos.

NOTA: Las palabras de Jacob (v.10) muestran incredulidad en cuanto al sueño que Dios le había dado a José. Eso es triste, considerando que Jacob era alguien a quien Dios le había hablado muchas veces en sueños. Como Dios ya no le hablaba, Jacob no tomó en serio la revelación de Dios a su hijo. Hay algo importante aquí que debemos notar. Cuando Dios nos habla, la estrategia de Satanás es sembrar dudas acerca de la confiabilidad de la palabra de Dios (ver Gén 3:1b). Eso es lo que pretende hacer aquí, por medio de Jacob.


LECCIÓN: Todo lo que Dios hace, lo hace con un buen propósito. Lo que Satanás procura hacer es convertir esa ‘gracia’ o ‘don’ de Dios en un pie de tropiezo para nosotros. El mayor ejemplo de eso es el mismo evangelio, y la muerte de Cristo en la cruz (1 Cor 1:23). ¡Cuánto necesitamos la sabiduría de Dios para recibir e interpretar bien la gracia de Dios, y no permitir que Satanás nos quite la bendición de un regalo que Dios nos da!


3. LA AMENAZA CONTRA LA VIDA DE JOSÉ (v.12-24)

La historia del intento de matar a José, por parte de sus hermanos, es muy interesante. No sólo por los detalles que tenemos en el texto (detalles llenos de significado); sino porque refleja fielmente lo que ocurre hoy en día, casi a diario, cuando la envidia se apodera del corazón de las personas – sean de familiares, de amigos, o de hermanos en la Iglesia. ¡Es una historia muy contemporánea!


a. José Enviado por Jacob a Ver a Sus Hermanos (v.12-17)

La historia comienza cuando los hermanos de José fueron a apacentar las ovejas en la región de Siquem (v.12). Uno pensaría que se trataba de los mismos hermanos mencionados en el v.2b; sin embargo, evidentemente Rubén y Judá estaban incluidos entres esos “hermanos” (ver v.21 y 26). Que hayan ido a ese lugar es interesante, porque fue el sitio donde dos de los hijos mayores de Jacob fueron responsables por la masacre de todos los varones de una ciudad (ver Gén 34). A pesar del riesgo de retornar a esa región, los hijos de Jacob volvieron a Siquem porque sabían que los pastos allí eran buenos (¿o sería que Jacob mantenía algunos rebaños esa región?).

Por alguna razón, José no fue con ellos. Quizá fue porque Jacob no quería separarse de él, o porque sabía del creciente odio que le tenían sus hermanos. De todos modos, un día, Jacob llamó a José, y le pidió que fuera a Siquem, para ver a sus hermanos (v.13). José respondió con una buena disposición de obedecer: “Heme aquí”, le dijo; en otras palabras, ‘iré’. Estuvo dispuesto a ir, a pesar de la mala relación que había entre ellos, y la hostilidad con la cual probablemente lo recibirían

NOTA: Para los que consideran a José como un ‘tipo’ de Cristo, este envío de Jacob, y la obediencia de José, son ‘típicos’ de la manera en que el Padre envió al Hijo a este mundo, y la obediencia del Hijo a la voluntad del Padre, a pesar de saber que “los suyos” no le recibirían (Juan 1:11).


El encargo del padre fue doble:

- “mira cómo están tus hermanos” (v.14a). Jacob quería saber cómo estaban sus hijos; quizá preocupado por el riesgo que corrían de ser atacados por los ciudadanos de la región (ver Gén35:5). Se interesó en ellos, como buen padre; quizá también tenía cierta preocupación por su tendencia al mal comportamiento, especialmente sabiendo que José no estaba con ellos, para ver lo que estaban haciendo, e informarle. Ellos podrían tomar esa ‘libertad’ como pretexto para el libertinaje.

NOTA: La frase en hebreo es, ‘mira si tus hermanos están en paz’ (‘shalom’). Los hermanos no le deseaban ‘paz’ a José (v.4b); pero José fue tras ellos, buscando su ‘paz’. Lamentablemente, al ir buscando el bienestar de sus hermanos, José encontró una suerte de ‘muerte’.

- “mira…cómo están las ovejas” (v.14b). Jacob también estaba preocupado por la condición de las ovejas. Eso parece dar a entender que no confiaba del todo en ellos; que sospechaba que podrían no cuidar bien las ovejas. O podría ser que simplemente tenía una sana preocupación por la condición de sus ovejas.


Al enviar a su hijo a ver a sus hermanos, lejos de la protección de su padre, y al enviarlo vestido con la túnica elegante (ver v.23), Jacob actuó con tremenda ingenuidad. Debió haber sido más sabio, entendiendo algo del peligro que corría José a manos de sus hermanos. Sin embargo, esa falta de sabiduría por su parte fue usado, en los planes de Dios, para cumplir Sus propósitos.

José emprendió el viaje a Hebrón a Siquem (ver el mapa, en el estudio de Gén 35), al parecer, sólo (v.14c). Al llegar a Siquem no los encontró, y se puso a buscarlos. En eso, “lo halló un hombre, andando él errante por el campo” (v.15a), y le preguntó a José, “¿Qué buscas?” (v.15b). El hombre le informó, “Ya se han ido de aquí; y yo les oí decir, ‘Vamos a Dotán’” (v.17a). José, fiel a su encargo, fue tras ellos, y los halló en Dotán (v.17b).
b. El Plan Inicial de Matar a José (v.18-24)

Al llegar a Dotán, sus hermanos lo vieron de lejos. Antes que llegase a ellos, “conspiraron para matarle” (v.18b). Eso muestra que el deseo de matar a José no fue una reacción momentánea (producto de algo que José haya hecho o dicho), sino de un odio y resentimiento que guardaban en sus corazones. Con sangre fría decidieron matar a su hermano. ¡Hasta donde llega la maldad humana! Y era un odio irracional. Simplemente por la envidia producida por unos sueños, todos los hermanos querían deshacerse de José. No podían soportar la idea de rendirle homenaje a José. Antes de ello, preferían matarlo. Tales eran los hijos de Jacob, por naturaleza. ¡Cuánto tenía que obrar la gracia de Dios en ellos!

NOTA: En esto, vemos un paralelo con la manera que los judíos trataron a Cristo. No querían que Él reinase sobre ellos – preferían ser súbditos de Roma, antes de ser siervos de Cristo (Juan 19:15). Todo esto fue anticipado en la Parábola de los Labradores Malvados (Mat 21:37-39).

Las palabras de ellos indican que lo que más provocaba el odio fueron los sueños que José había tenido. “He aquí viene el soñador”, dijeron (v.19) . Decidieron hacer tres cosas: matarlo, echarlo en una cisterna, y engañar a su padre, diciendo que una bestia lo había devorado (v.20a). Su propósito era hacer que los sueños de José quedaran en nada (v.20b).

NOTA: A los hijos de Jacob no parecía importarles el sufrimiento de su padre. Con las palabras, “Una mala bestia lo devoró” (v.20), pensaban simplemente cubrir sus rastros; no consideraron el tremendo impacto que la desaparición de José causaría a su padre (ver v.35). Vemos que una de las características principales del pecado es el egoísmo.

Felizmente, uno de sus hermanos fue más noble, en cierta manera. Rubén quiso salvar su vida, y aconsejó no matarlo ellos mismos, sino simplemente echarlo en una cisterna, para que muera allí, de hambre y sed (v.21-22a). En realidad, lo que quería hacer era volver a sacarlo, y entregárselo a su padre (v.22b). Según Gén 42:21, José en ese momento lloró e imploró por su vida. Su llanto no afectó a sus medio hermanos, aparte de Rubén. Al parecer, fue el llanto de José ablandó el corazón de Rubén (ver Gén 42:22).

Por un lado, podría ser que Rubén simplemente estaba actuando responsablemente, como el hermano mayor, queriendo proteger la vida de uno de sus hermanos. Pero, cabe la posibilidad que lo que le interesaba a Rubén era ganar el favor de su padre, quien seguía resentido con él, por el pecado de incesto que cometió (ver Gén 35:22).

NOTA: Como el hermano mayor, Rubén tenía más razón por odiar a José, y tener envidia de él. Sin embargo, el corazón y los pensamientos de los hombres están en las manos de Dios.

De todos modos, la manera en que actuó mostró su falta de autoridad moral. Cualquier hermano mayor simplemente hubiera prohibido a sus hermanos cometer dicho crimen de fratricidio, y les habría amonestado con vehemencia por considerar hacer tal cosa.
De todos modos, cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, ellos le quitaron la túnica elemente que llevaba (v.23), y le echaron en la cisterna (v.24). Esto nos hace recordar la acción de los soldados romanos, quienes le quitaron la túnica a Cristo (Mat 27:28); también la acción de los judíos, al echar a Jeremías en una cisterna.

Felizmente, la cisterna estaba sin agua, así que José se salvó de ahogarse. Por encima de los pensamientos de los hermanos, Dios estaba obrando Su plan maestro.


4. JOSÉ VENDIDO COMO ESCLAVO (v.25-36)

Habiendo echado a José a la cisterna, con la idea de dejarlo allí hasta que muriese, los hermanos “se sentaron a comer pan” (v.25a); no hicieron caso, ni a su conciencia ni a los gritos de José, pidiendo clemencia (ver Gén 42:21). ¿Cómo pudieron comer, habiendo tratado a José despiadadamente, y esperando su muerte? Vemos aquí un ejemplo de cómo el pecado endurece a la persona, y la hace totalmente insensible. Lo triste es que se trataba de los ‘padres’ de la nación que constituiría el pueblo de Dios.


a. La Transacción Comercial (v.25-28)

Mientras comían, una tropa de comerciantes pasó por el lugar. Eso no fue por casualidad. La soberanía de Dios estaba en acción; Él sacaría algún provecho de la maldad de los hijos de Jacob.

Moisés nos informa que los comerciantes eran “una compañía de ismaelitas que venía de Galaad” (v.25b). Siendo descendientes de Ismael, eran parte de la familia extendida de Abraham. Galaad era el territorio al este del río Jordán. Estos hombres venían, trayendo artículos comerciales: “aromas, bálsamo y mirra” (v.25c); artículos usados principalmente en el proceso de embalsamar a los muertos. Seguían una ruta comercial importante de ese tiempo, e iban rumbo a Egipto, para vender sus productos.

Al verlos, se le ocurrió una idea a Judá (¡movido por el Espíritu de Dios!), v.26. ¿Por qué no vender a su hermano? ‘Matarlo’, dijo él, ‘no tendría provecho’. No contento con deshacerse de su hermano, Judá ahora propone sacar algún provecho económico del asunto. ¡¿Tan pobres eran?!

Al proponer vender a José a los comerciantes (v.27), Judá estaba actuando como su tocayo, Judas Iscariote; quien, casi 2,000 años después, vendió al Señor por 30 piezas de plata. En el caso de Judá, su argumento fue, ‘¿Cómo podemos matar a nuestro hermano? Mejor lo vendemos, y así nos deshacemos de él, sin hacerle daño nosotros’. Sin embargo, venderlo como esclavo a Egipto era (humanamente hablando) igual o peor que matarlo. Los demás hermanos “convinieron con él” (v.27b); es decir, mostraron su conformidad con lo que Judá estaba proponiendo.

El v.28 afirma que los comerciantes eran “madianitas”. ¿Cómo concuerda eso con los versos 25 y 27, que dicen que eran “ismaelitas”? El Tárgum (la versiona del AT en arameo) usa la palabra, ‘árabes’, en el sentido de un grupo mixto (étnicamente hablando). Los medianitas eran descendientes del cuarto hijo de Abraham, que él tuvo con Cetura (Gén 25:2)
Los hermanos negociaron con los comerciantes, y al final acordaron el precio de “veinte piezas de plata” (v.28b). Dos piezas por cada hermano (Rubén estando ausente). Normalmente, el precio de un esclavo era 30 piezas de plata. Seguramente pagaron 20, para poder venderlo a 30 o más.

Los comerciantes “llevaron a José a Egipto” (v.28c). Los hermanos de José estarían seguros que esa sería la última vez que verían a José. Pero, ¡cuán equivocado estaban! Ellos actuaron mal, siguiendo los impulsos de sus corazones malvados. Pero Dios estaba obrando, secretamente, para el cumplimiento de Su plan de salvación para las naciones. A corto plazo, la estadía de José en Egipto aseguraría también la supervivencia de la familia de José en un momento de crisis que iba a sobrevenir toda la tierra, dentro de unos pocos años. Ese detalle nos debe animar a confiar en Dios, en los momentos más críticos de nuestras vidas. No siempre entendemos lo que Dios está haciendo; Él no siempre explica su proceder. Sin embargo, siempre está obrando a favor de Sus hijos.


NOTA: Algunos se preguntarán, ‘¿Por qué no intervino Dios para salvar a José?’ Pero, como el resto del libro de Génesis nos va a indicar, Dios no intervino, porque lo que los hermanos de José estaban haciendo era parte de Su plan para el engrandecimiento de José, y el desarrollo de Su plan maestro.

Muchas veces, nuestras adversidades son parte del plan de Dios para bendecirnos. Tenemos que aprender a someternos a lo que Dios dispone, confiando en la promesa de Rom 8:28.


José se habría ido muy triste a Egipto. No sabemos si él estaría recordando los sueños que tuvo. ¿Le habrá ayudado Dios a confiar en Él, en ese momento tan difícil, siendo sólo un muchacho de 17 años? Seguro que sí. Pero su ida a Egipto nos hacer recordar a otro joven que también fue arrancado de su familia, y llevado a una tierra lejana, como esclavo – Daniel. Él también estaba destinado a ocupar un alto cargo en el país de su esclavitud. Estos dos ejemplos nos deben animar a confiar en Dios, a pesar de las circunstancias adversas que nos rodeen.


b. El Engaño de Jacob (v.29-35)

Una vez que los comerciantes desaparecieron del horizonte, Rubén llegó. No sabemos a dónde se había ido, pero obviamente no estuvo presente durante la transacción comercial con los ismaelitas. Grande fue su sorpresa cuando encontró la cisterna vacía (v.29). Él rasgó sus vestidos, en señal de consternación y dolor. Volvió su mirada a los hermanos, y exclamó con evidente emotividad: “El joven no parece; y yo, ¿adónde iré yo?” (v.30b). Siendo el hermano mayor, tendría que haber protegido a José. Al volver a casa, su padre pediría una explicación de él. Encima del pecado de incesto, ahora tendría una doble carga de conciencia durante su vida.

Para tapar las huellas del crimen, los hijos de Jacob tomaron la túnica elegante, degollaron un cabrito, y tiñeron la túnica con su sangre (v.31). Luego, llevaron la túnica a su padre, y mintieron, alegando que habían encontrado la túnica, por casualidad, en algún paraje (v.32).
NOTA: Vemos como un pecado lleva a otro. ¡El pecado es muy fructífero! Se reproduce con tremenda facilidad. Satanás, habiendo enseñado a los hombres a cometer un pecado, les enseña a taparlo con otros pecados (engaño, mentira, hipocresía).

Con tremenda frialdad de corazón, los hijos de Jacob pidieron a su padre reconocer si la túnica era de su hijo querido, José (v.32b). ¡Lo era! Jacob no tenía dudas al respecto (v.33a). Afirmó que era la túnica de su hijo, y llegó a la conclusión deseada por sus hijos: “José ha sido despedazado” (v.33b), por alguna mala bestia del campo.

Jacob pensaba que José había sido devorado por un animal. En realidad, fue ‘devorado’ por la envidia de sus hermanos. Las peores ‘bestias’ de este mundo, no son los animales salvajes, sino los seres humanos que no tienen temor a Dios, y no se preocupan por el dolor ajeno. Más bien, se aprovechan del dolor humano, cuando les favorece en alguna manera.

NOTA: El hombre que engañó a su padre, es ahora engañado por sus hijos. Lo que ‘sembramos’, cosechamos.


La reacción de Jacob fue dramática (v.34): “rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días”. Parte del quebranto de Jacob era pensar que él había enviado a su querido hijo a la muerte, al enviarlo sólo, a tan tierna edad. Viendo la tristeza y el quebranto de Jacob, sus demás hijos “se levantaron para consolarlo” (v.35a). ¡Qué tal fingimiento e hipocresía! ¿Con qué cara darían el ‘pésame’, sabiendo que José estaba vivo? Pero Jacob “no quiso recibir consuelo” (v.35b). La tristeza de Jacob era desesperada, y casi desequilibrada. Entre lágrimas dijo, “Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol” (Gén 37:35). Su desesperación era total, y sus hijos optaron por no decirle nada. Con razón (aunque sin darse cuenta), Jacob rehusó recibir el consuelo de hipócritas.

NOTA: ¿Dónde estaba la fe de Jacob en este momento? ¿Dónde estaba su entendimiento espiritual? Al parecer, se esfumaron ante la tristeza de la muerte de José. ¿No confió en las promesas de Dios? ¿No confió en los sueños que José le había enseñado?


Conclusión

El capítulo concluye con los comerciantes llegando a Egipto, y vendiendo a José a Potifar (v.36a). El hijo favorito de Jacob terminó siendo un esclavo en Egipto. José tuvo que cambiar la túnica elegante que su padre le dio, por la vestimenta de un esclavo. ¡Cuán incierta es la vida! Debemos estar preparados para los cambios bruscos que la vida nos puede dar.

Pero, Potifar no era cualquier persona. Era “oficial de Faraón, capitán de la guardia” (v.36b). La providencia divina estaba obrando, silenciosamente, entre los ‘escombros’ de la vida, para colocar a José en el lugar preciso dónde Dios quería que él estuviera, para continuar su formación personal, con el fin de que llegara a ser el salvador de su pueblo, y de todo Egipto.

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