sábado, 13 de agosto de 2011

EXODO CAPITULO 12




Éxodo Capítulo 12

Estudiar la Pascua como la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto; y en su más profundo significado, su cumplimiento en la muerte de Jesucristo en la cruz, para librarnos del pecado.

A. LA INSTITUCIÓN DE LA PASCUA (Éxodo 12:1 – 13:1-16)




Después de anunciar el último juicio sobre Egipto: la muerte de los primogénitos (Éxodo 11), Dios instruyó a Moisés y a Aarón sobre lo que los hebreos debían hacer para escapar de la mortandad.
El mes de Abib, al inicio de la primavera (entre mediados de marzo y mediados de abril en nuestro calendario), sería el primero de los meses en el nuevo calendario para la naciente nación de Israel (vs. 2). Jesús también introdujo un cambio con su resurrección. El día de descanso también fue movido, del último día de la semana, el sábado, al primer día de la semana, el domingo (Hechos 20:7; I Corintios 16:2; Apocalipsis 1:10).

El día décimo del mes de Abib, cada familia había de escoger un cordero o un cabro joven, de un año (vs. 3). Si un cordero era mucho para una sola familia, dos familias podían unirse (vs. 4). El cordero o cabro debía ser sin defecto, macho de un año (vs. 5), y ser sacrificado el día catorce (vs. 6), entre las dos tardes. Esto quería decir: o bien entre la declinación del sol y la puesta, o entre la puesta del sol y la caída de la noche. El mandato de guardarlo cuatro días era para asegurarse de que no tuviera mancha o defecto alguno.

Jesús también estuvo bajo el escrutinio de los hombres para demostrar su santidad (Lucas 11:53, 54; Juan 8:46; 18:38). Y fue también muerto por la tarde: “Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena” (Mateo 27:45).

El cordero pascual era un tipo que anunciaba el sacrificio de Jesucristo en la cruz. Por ellos los sacrificios debían ser físicamente perfectos, para ser así un tipo de las perfecciones morales de Cristo. En Hebreos 9:14: dice: “¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” Y I Pedro 1:18 y 19, “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”.

La sangre del sacrificio habría de ponerse en los dos postes y el dintel de la puerta de las casas en que se comería (vs. 7). Hebreos 9:22 dice: “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión”. Cada uno tenía que apropiarse personalmente de los beneficios de la salvación, al rociar la sangre en el marco de su propia puerta. Eso refuta la doctrina del universalismo, que dice que finalmente todos serán salvos aunque no hayan buscado voluntariamente a Dios.




El sacrificio enseña la lección de que una vida tiene que morir en substitución de otra para darle salvación. En Levítico 17:11 dice: “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona”. Así, hay redención, incluyendo perdón por los pecados, cuando la sangre de una ofrenda inocente es derramada (Juan 1:29,36).

Toda la carne debería comerse estrictamente asada al fuego, que es el método de preparar la carne para un pueblo nómada; y acompañada de panes sin levadura y hierbas amargas (vss. 8, 9). La levadura es símbolo de la contaminación del pecado que satura toda la harina (I Corintios 5:6,7; Gálatas 5:9). Las hierbas amargas eran un recordatorio de la amarga experiencia de la esclavitud. Leemos en Éxodo 1:14, “y amargaron su vida con dura servidumbre”. Deberían comerlo todo durante la noche. Si quedaba algo había de quemarse en el fuego (vs. 10). Al comer la Pascua, debían estar vestidos, calzados, con bordón en mano, listos para partir en su peregrinación al desierto, y comerla apresuradamente (vs. 11).

Dios les dijo que la noche de la Pascua, Él pasaría hiriendo a todo primogénito en Egipto: humanos y animales. Así juzgaría a los dioses egipcios, algunos de los cuales ya habían sido juzgados individualmente con las demás plagas. Este anuncio se cierra con la solemne declaración: “YO JEHOVÁ” (vs. 12).

La sangre señalaría que un hogar estaba protegido; que en él se había realizado el sacrificio substitutorio por los primogénitos. “Y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto” (vs. 13).

Igualmente, los cristianos nos hemos acogido a la gracia de Dios, mediante la sangre derramada por Jesucristo en la cruz. El juicio por nuestros pecados no caerá sobre nosotros, pues ya lo sufrió Jesucristo. II Corintios 5:21 nos asegura: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él”.

Así como los judíos celebran en la Pascua su liberación de la esclavitud, los cristianos celebran en la Cena del Señor o Santa Cena, su redención por la muerte de Jesucristo. Los Amigos, que buscamos trascender el mero ritual y apropiarnos del significado profundo del pan y el vino materiales, lo practicamos en forma espiritual. Meditamos en el cuerpo de Cristo sacrificado por nuestros pecados, y en Su sangre derramada para nuestra expiación y disfrutamos de la enseñanza de Jesús en Juan 6:53-58.

Los israelitas tuvieron que comer pan sin levadura, pues por la prisa no pudieron preparar la masa debidamente (vs. 39).

Éxodo 12:40-41, dice que los hijos de Israel vivieron en Egipto 430 años. En el versículo 41 se les llama a los israelitas “las huestes de Jehová”, pues a través de ellos Dios traería juicio sobre los pueblos de Canaán y sus alrededores.

En los versículos 43-49, hay más leyes sobre la Pascua: Ningún extranjero, ni jornalero debía comerla, pero sí los esclavos comprados por dinero después de circuncidarse. La carne no debería sacarse de la casa, ni quebrarse ningún hueso. Si un extranjero deseaba participar, podía hacerlo sólo si se circuncidaba (vss. 43-49). Se requería pureza ritual y espiritual para comer la Pascua. Igualmente, se demanda pureza espiritual a quienes participan de la Santa Cena en I Corintios 11:28, y del servicio a Dios en general.

Juan 19:31-33 nos cuenta que ningún hueso de Jesús fue quebrado, de acuerdo con el tipo en la Pascua que lo anunció por siglos.

" DIOS EXTENDIÓ SU FAVOR HACIA MI, ME DIO PROVISIÓN, PROTECCIÓN, MISERICORDIA HONRA Y PAZ"

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