viernes, 19 de agosto de 2011

EXODO CAPITULO 18



ÉXODO 18

JETRO VISITA A MOISÉS (Éxodo 18:1-7)

Desde la primera mención a Jetro (Éxodo 2:16), el relato bíblico lo llama “el sacerdote de Madián”. No se sabe si era sacerdote del Dios de Abraham, de quién era descendiente, y si era monoteísta. Posiblemente era jefe de los sacerdotes de su pueblo, lo cual le daba una alta posición.
Si el Monte Sinaí estaba en el territorio donde regularmente pastaban los madianitas, Madián era vecino de Amalec. Jetro oyó todas las maravillas que Dios había hecho con Israel, por mano de Moisés su yerno, incluyendo la derrota de Amalec (vs. 1).

Los israelitas se hallaban ya en las proximidades del Monte Sinaí. Recordemos que Moisés y su familia habían llegado a Egipto antes del éxodo (Éxodo 4:20). Posiblemente Moisés los envió de nuevo a Madián por su seguridad. Cuando el pueblo en su peregrinación se acercaba al Sinaí, Jetro tomó a Séfora y a sus hijos, Gersón y Eliezer, para que se reunieran con su padre. Gersón significa: “Forastero he sido en tierra ajena”. Y Eliezer: “El Dios de mi padre me ayudó, y me libró de la espada de Faraón” (vss. 3-5).

Vemos aquí un gesto de dulce amor paternal y apoyo del suegro hacia el yerno, al llevarle a éste a su esposa y a sus hijos, para su consuelo y apoyo. Es triste que en nuestra cultura occidental haya un arraigado prejuicio estorbando las buenas relaciones entre los suegros y sus yernos y nueras. Es más triste aún que los cristianos hayan trabajado muy poco para convertir estas relaciones en un buen testimonio de la conversión a Jesucristo, del perdón y del respeto a los padres.

Las historias, anécdotas y aun los chistes, repiten relatos negativos del trato entre los yernos y nueras con sus suegros. Parece como si estas relaciones fueran irremediables, difíciles de mejorar, o imposible de cambiar. Lanzamos un reto para los pastores y maestros de educación cristiana, para que fomenten un mejor entendimiento entre los suegros y sus yernos y nueras.

Gracias a Dios hay muchas excepciones que deberían ser puestas como ejemplo para educar a los jóvenes aún solteros, a fin de que nuestra cultura cristiana muestre al mundo que somos diferentes. El ejemplo de Jetro, el madianita, y Moisés; y más adelante, el de Rut, la moabita, y su suegra Noemí, son hermosos modelos para que en la iglesia de hoy se pueda celebrar con fines educativos, el “Día de los Suegros”.

JETRO CELEBRA LAS MARAVILLAS DE JEHOVÁ (Éxodo 18:8-12)

Moisés salió al encuentro de su suegro. “Se inclinó, y lo besó, y se preguntaron el uno al otro cómo estaban” (vs. 7). Dos jefes se encontraron. Más adelante, inspirado por Dios, Moisés escribió en Levítico 19:32: “Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová”.
Moisés relató a su suegro cómo Dios los había librado y cuidado hasta allí (vs. 8). Jetro se regocijó y reconoció que “Jehová es más grande que todos los dioses” (vss. 10, 11). Él se convenció de la supremacía de Jehová sobre otros dioses. Tal vez su fe no fuera exactamente monoteísta (creer que existe un solo Dios), sino monolatría (adorar a un dios, excluyendo a todos los demás. Lea Jonás 1:16.


Los dioses de todas las culturas paganas: Egipto, Grecia, Roma, Persia, India, China, de los mayas, los incas, los celtas, los nórdicos, etc., son los ángeles caídos y el mismo Satanás, su jefe. Los que creen en ellos y los siguen los llaman dioses. Han sido engañados por las cosas sobrenaturales que realizan con los poderes limitados de su naturaleza angélica, que aún conservan. Estos ángeles caídos, que los pueblos que no conocen a Jehová llaman “dioses”, serán arrojados al lago de fuego, su castigo eterno, por el Señor Jesucristo (Mateo 25:41).

En Apocalipsis 22:8,9, Juan dice: “me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios”. Los ángeles de Dios no permiten que se les adore como dioses, porque son leales a su Creador, el único Dios que existe.

Es triste que muchos cristianos, por influencia de la literatura, música, cine, arte y otros medios, se hayan familiarizado con gran cantidad de seres raros. Estos no son sólo un mero producto inocente de la fantasía. Son el disfraz con que los demonios se han revelado a las distintas culturas, llamándose: Júpiter, Eros, Venus, Apolo, Minerva, Thor, Odín, Osiris, Horus, Cali, Brama, Baal, Astarot, Quetzalcoatl, sirenas, esfinges, pegasos, duendes, cíclopes, musas, titanes, walkirias, pitufos, x-men, y demás seres que Walt Disney y otros autores han hecho simpáticos a través de sus historias.

Hay que enseñar claramente a nuestros niños y jóvenes, que Dios no es el más generoso de los dioses. Él es el único Dios verdadero. Los demás son ángeles caídos, que pretendieron, y aún pretenden ser iguales a Dios. Isaías 44:8, dice: “No hay Dios sino yo. No hay fuerte; no conozco ninguno”. Y en Isaías 45:5, “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí”.

Jetro ofreció holocaustos, o sacrificios en que se quema toda la víctima en ofrenda a Dios; y sacrificio de paz, en los que se come la víctima en comunión con otros delante de Dios. Así Jetro, Moisés, Aarón y todos los ancianos de Israel, celebraron las maravillas de Jehová y su cuidado para Israel (vs. 12).

Jetro dirigió la ceremonia, por ser el suegro de Moisés y sacerdote de Madián. El sacerdocio aún no estaba formalmente establecido en Israel. Esa función la ejercían aún los ancianos de las familias patriarcales.

JETRO ACONSEJA A MOISÉS (Éxodo 18:13-23)

En tiempos de los patriarcas, la justicia en la familia era impartida por el jefe del gens, o sea, la familia patriarcal. Durante su esclavitud los israelitas no tenían sistema judicial propio. Por eso resistieron que Moisés actuara como juez en Éxodo 2:14. Las tribus de Israel tenían jefes, y éstos parecen haber tenido también funciones judiciales.
Moisés se sentó, como el juez, mientras los litigantes esperaban durante todo el día (vs. 13). Jetro se asombró de que todo el pueblo fuera atendido en sus problemas por una sola persona (vs. 14). Ante el asombro de su suegro, Moisés dijo: “el pueblo viene a mí para consultar a Dios” (vs. 15). Es decir, a buscar la decisión final de Dios en la disputa por su asunto. En un pleito legal, o necesidad de dirección, “yo declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes” (vs. 16).

La justicia aquí era en el contexto de sacrificios por pecados y comidas sagradas: expiación y comunión. Todo era sagrado. No había diferencia entre secular y sagrado. La diferencia era entre casos fáciles y casos difíciles, asuntos sencillos y asuntos complicados. Así fue desarrollándose la ley de Moisés, que era una combinación de grandes principios de revelación divina, aplicados a la vida diaria en el desierto.

Jetro explicó a Moisés lo impráctico de aquel sistema, pues terminaría desfalleciéndose tanto él como el pueblo. “No podrás hacerlo tú solo” (vss. 17, 18).

La idea de Jetro era que Moisés decidiera qué hacer finalmente con su consejo. De todos modos debía interceder ante Dios, inquirir Su voluntad y someterlo todo a Él. No fuerza su consejo sobre su yerno (vs. 19).

I. Scofield, editor de la Biblia anotada que lleva su nombre, encabeza el capítulo 18 así: “Moisés se apoyó en brazo humano”. Él opina que Dios pasó “completamente por alto esta organización que, según el mundo era sabia y que había sustituido el orden establecido por Él. Señala Números 11:14-17, a los 70 ancianos como la forma de gobierno ideal para ayudar a Moisés.

Si fuera así, podría ser un buen ejemplo entre lo que es bueno y lo que es mejor. La mente humana tiene buenos planes, pero los de Dios son óptimos. Esto no resta al buen ejemplo que nos dejó Moisés en cuanto al respeto a su suegro, al aceptar su consejo y ponerlo en práctica. Cuarenta años después, al repetir la Ley a los israelitas antes de entrar a la Tierra Prometida, Moisés hizo un recuento en Deuteronomio 1:9-18, de cómo había organizado al pueblo para impartir justicia. No indica que reprobara ese sistema.

MOISÉS PONE EN PRÁCTICA EL CONSEJO DE JETRO (Éxodo 18:23-27)

La idea era entrenar a otros, enseñarles las ordenanzas y leyes, y las directrices sobre cómo impartir justicia (vs. 20).
Jetro aconsejó a Moisés escoger a “varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia”. Nos recuerda la elección de los diáconos en Hechos 6:1-7; y los consejos de Pablo al joven pastor Timoteo, sobre cómo elegir a los oficiales de la Iglesia (I Timoteo 3:1-13). En los tres casos se enfatizan las cualidades morales más que cualquier otra cosa.

Los jefes de grupo se encargarían de lo simple y fácil, y dejarían a Moisés lo difícil y complejo (vs. 22).

Al decir Jetro: “Si esto hicieres, y Dios te lo mandare”, dejó que Moisés obedeciera finalmente la dirección del Señor (vs. 23). Moisés escuchó el consejo y lo llevó a cabo (vss. 24-26). Después de esto, Moisés despidió a su suegro, quien retornó a Madián (vs.27).

¿Quien era Jetro?

SOY LA EXPRESIÓN DEL AMOR, LA BONDAD LA FE Y LA OBEDIENCIA DEL MISMO JESÚS. CCD.

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